MILEI Y MARX

¿Enemigos o amantes clandestinos?


¿Por qué este análisis político-filosófico-económico es tan relevante para la inversión inmobiliaria? 
La respuesta es simple: el ladrillo no flota en el vacío. El valor de tu propiedad y la seguridad de tu inversión dependen enteramente de la calidad institucional del país donde están asentadas.



Como asesor, mi trabajo no es solo mirar los metros cuadrados, sino entender los riesgos sistémicos —sea el populismo de izquierda o el dogmatismo de mercado— que pueden afectar el patrimonio de mis clientes a largo plazo. Para invertir bien, primero hay que entender dónde estamos parados."



Si uno presta atención a los gritos en la televisión y a la furia de las redes sociales, Karl Marx y Javier Milei son el agua y el aceite. Enemigos mortales. La encarnación del Bien contra el Mal. Pero, ¿y si te dijera que eso es solo teatro diurno?


Propongo una imagen incómoda: imaginemos a Marx y a Milei no como rivales, sino como amantes clandestinos.

Esas relaciones que no se aprueban a la luz del día, pero que se funden en la oscuridad porque comparten una pasión inconfesable. A puerta cerrada, cuando nadie los ve, ambos se desnudan de sus discursos opuestos y revelan que comparten la misma piel y la misma estructura mental. Ambos se encuentran en la cama de la Utopía Antipolítica. Lejos de ser enemigos, son compañeros de ruta en el proyecto más ambicioso y fallido de la modernidad: el intento de negar la imperfección humana mediante una fórmula matemática.

Encendamos la luz y mirémoslos juntos.

1. El Fetiche Compartido: La Omnisciencia


Toda pareja se basa en una creencia compartida. En el caso de nuestros amantes, su fe ciega es la Arrogancia Epistémica. Ambos creen fervientemente en un "Dios Procesador" capaz de saberlo todo, solo discrepan en el nombre de la deidad.

  • Marx se entrega al Estado Omnisciente: Cree que un Comité Central puede saber, en tiempo real, qué necesitan millones de personas. Ignora que la información está dispersa (como demostró Hayek).
  • Milei se entrega al Individuo Omnisciente: Cree que cada ciudadano tiene el tiempo y la capacidad técnica para auditar balances bancarios, verificar la química de sus alimentos y leer la letra chica de cada contrato de concesión.


Esto último no solo ignora que el cerebro humano tiene un ancho de banda limitado (como demostró Herbert Simon), sino que contradice la base misma del progreso capitalista: la especialización.



Esta contradicción choca incluso con las lecciones más básicas de la tradición liberal. Como ilustraba magistralmente Milton Friedman con la famosa historia del lápiz ("Yo, el Lápiz"), la riqueza nace de la división del trabajo: yo hago pan, tú curas dientes. Pretender que el ciudadano común se convierta en un auditor universal de todo lo que consume es un disparate que anula las ventajas de la especialización moderna, algo que ningún economista serio —sea de Chicago o Austriaco— debería ignorar.


2. El Fruto de su Amor: El Vacío de Poder

Como en toda relación pasional, lo que engendran juntos tiene consecuencias. Ambos comparten una fantasía de eliminación: uno quiere matar a la Propiedad Privada, el otro quiere matar al Estado. Pero olvidan una ley universal: el poder aborrece el vacío.


Al eliminar los contrapesos, ambos abren la puerta a la tiranía:

  • Si eliminas el mercado (Marx), el vacío lo llena la Tiranía del Partido Único.
  • Si eliminas el Estado regulador (Milei), el vacío no lo llena la libertad, sino la Tiranía de los Oligopolios.


Como bien señaló el economista Michał Kalecki, la tendencia natural del capital es la concentración. Sin un árbitro público, la "libertad" se convierte en un neofeudalismo donde las grandes corporaciones son juez y parte.


3. El Matiz Teológico: Las "Fuerzas del Cielo"

El peligro actual radica en abrazar las ideas de Milei no como una teoría económica (falible), sino como una religión revelada.

No es casualidad que su retórica apele a las "Fuerzas del Cielo" (una cita bíblica sobre la guerra de los Macabeos). Aunque para algunos pueda sonar a una simple expresión de fortuna o suerte, en términos políticos implica algo más profundo: la idea de la Providencia.

Al sugerir que la victoria no depende del número (consenso democrático) sino de una validación superior, saca la discusión del terreno técnico —donde se admiten errores y correcciones— y la eleva al teológico —donde se libran batallas absolutas del Bien contra el Mal—. Y con un Mesías no se debate; se obedece.


4. El Espejismo del Corto Plazo

Un contraargumento habitual es señalar los resultados financieros inmediatos:

"Si la inflación baja y los bonos suben, el modelo funciona".

Cuidado con esta trampa lógica. La historia de los extremos está llena de "lunas de miel" engañosas.


Recordemos que la Unión Soviética tuvo tasas de crecimiento récord en sus inicios (lo que confundió a economistas como Samuelson) y que muchos gobiernos recientes lograron "lluvias de inversiones" financieras que entraron rápido para especular y se fueron igual de rápido, dejando la estructura productiva intacta y la deuda aumentada.


No debemos confundir una corrección necesaria (dejar de imprimir dinero sin respaldo) con la validación de un modelo estructural. Que el paciente deje de tener fiebre (inflación) es bueno, pero si para mantenerlo sano el médico propone extirparle el sistema inmunológico (el Estado y las regulaciones), el paciente morirá de otra cosa más adelante.

El éxito financiero de corto plazo no garantiza la viabilidad social de largo plazo.


La Distinción Necesaria


Llegado a este punto, es vital aclarar: No se trata de equiparar moralmente las acciones históricas de ambos movimientos.

No es lo mismo el gulag soviético que el intercambio de mercado.


Sin embargo, el error intelectual de fondo es el mismo: el fanatismo metodológico.

Si aplicamos el modelo libertario negando la existencia de la asimetría de información y los monopolios naturales, no obtendremos la libertad prometida, sino una sociedad frágil, expuesta a crisis sistémicas y dominada por actores con información privilegiada.


Conclusión: Romper la Relación

La madurez intelectual consiste en rechazar esta relación tóxica con los extremos. Consiste en aceptar que no existe el paraíso automático.


La realidad funciona en la tensión incómoda del término medio: necesitamos al Mercado para innovar y asignar recursos, y necesitamos al Estado para cuidarnos de los excesos y las asimetrías que el individuo solo no puede manejar.


Marx y Milei pueden seguir amándose en la oscuridad de sus teorías puras.

Nosotros, los que queremos que al país le vaya bien en el mundo real, deberíamos dejarlos solos y ocuparnos de construir instituciones que funcionen para seres humanos imperfectos.


Las ideologías mueven masas, pero los datos y las estrategias mueven patrimonios.

Si buscas construir una cartera de inversión basada en análisis profundos y no en titulares de moda, hablemos.


Agenda una sesión de diagnóstico y empecemos a pensar tu estrategia


📚 Lectura Recomendada para Inversores:

Si este análisis les ha despertado interés sobre los factores estructurales del crecimiento, la referencia obligada es

'Por qué fracasan los países'.

Su coautor, Daron Acemoglu (Nobel de Economía 2024), explica mejor que nadie por qué las "fuerzas del cielo" o la "dictadura del proletariado" fallan si no hay instituciones inclusivas detrás. Una joya para entender el riesgo país real.


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